La energía solar fotovoltaica está de moda. Cada vez es más frecuente ver viviendas o empresas con una instalación de paneles solares en el tejado. Es una inversión, cada vez menor, que nos va ahorrar dinero a medio plazo. Por eso, es fácil caer en la tentación, solicitar varios presupuestos y lanzarnos a invertir en renovables en nuestro propio tejado. Pero cuidado, ¿estás seguro de que eso es realmente lo que necesitas?.
Presta atención al siguiente ejemplo:
Juan tiene una casa adosada con un gasto energético anual de 10,000 kWh y en la cual tiene contratada una potencia de 6.5 kW. Este contrato le supone un coste anual aproximado de 2.500 €. Esta vivienda tiene un buen tejado sobre el cual no se proyecta ninguna sombra, con orientación sur y una inclinación aproximada de 30º – “¡Qué buen lugar para llenarlo de placas solares!” – piensa Juan. Pide varios presupuestos y finalmente se decantan por una instalación de 10 placas solares, con una potencia nominal de 4 kWp. Lo que supone un gasto de 6.000 €. Esta instalación cubrirá el 40 % de su demanda.
Su vecina de al lado, Susana, tiene una vivienda parecida a la de Juan, con la misma potencia contratada y con unos gastos muy similares. Susana mira con envidia la instalación de su vecino, pero antes de pedir presupuesto contrata los servicios de una empresa especializada en gestión de energía que le ayudará a optimizar su contrato de suministro y a conocer cuales son los principales gastos energéticos que presenta su vivienda. Esta empresa realiza un estudio de optimización y eficiencia utilizando sus facturas y sus consumos. Susana comprueba horrorizada las conclusiones del informe:
- Está pagando por un suministro de potencia de 6.5 kW cuando en realidad nunca supera los 3.5 kW. Por lo que el primer paso que dio Susana para ahorrar en la factura de la luz fue disminuir la potencia contratada.
- Además, la compañía contratada por Susana le está cobrando el kWh a un precio desorbitado. Actualmente hay decenas de compañías que compiten por ofrecer precios más baratos. El segundo paso que dio fue cambiar de compañía.
Con estos sencillos cambios, que no le han supuesto ningún gasto económico (más allá de lo que le ha costado el estudio), Susana ha podido ahorrar hasta un 30% de su factura eléctrica. Pero sigamos con las conclusiones de su estudio:
- Resulta que Susana tiene la mala costumbre de utilizar el aire acondicionado y la calefacción a tope según tenga calor o frío. Gracias al estudio ha aprendido a ajustar bien el set point de la climatización, lo que le va a permitir mantener una temperatura agradable en casa ahorrando hasta un 10% de energía.
- Finalmente, el estudio le hace ver que su antigua secadora es el electrodoméstico que más energía consume en su vivienda. Decide cambiarla por una con la calificación energética A. Con esta decisión puede ahorrar hasta un 5%.
Susana ha conseguido ahorrar hasta un 30% en su factura mejorando además su eficiencia energética un 15%. Ahora si, Susana pide presupuestos para realizar una instalación de autoconsumo. Finalmente instala 6 placas solares con una potencia nominal de 2,4 kWp. Esta instalación cubrirá el 40% de su demanda eléctrica actual y la habrá costado mucho menos que a Juan.
Juan pagará menos que antes en sus facturas, pero su instalación le ha salido más cara y además seguirá derrochando energía por lo que tardará más tiempo en amortizar su inversión. Susana, en cambio, ha mejorado su eficiencia energética y ha dejado de despilfarrar energía por lo que su instalación fotovoltaica le ha salido más barata y amortizará antes su inversión.
En este ejemplo queda patente como una instalación de energía fotovoltaica en el tejado no es una buena idea si no va precedida de un buen estudio de optimización y eficiencia energética que nos ayude a conocer mejor nuestros consumos para dimensionar la instalación que realmente necesitamos.





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